El abuso sexual como abuso de poder y como una de las tipologías de maltrato infantil

Los Abusos Sexuales Infantiles forman parte del maltrato infantil junto con el maltrato físico y abandono físico o negligencia, maltrato y abandono emocional y maltrato institucional. Todos estos vulneran el derecho del niño a su integridad física y dignidad humana reconocido en el artículo 19 de la CDN impidiéndole un desarrollo pleno. Como forma de maltrato infantil, los abusos sexuales se definen como “…contactos e interacciones entre un niño y un adulto cuando el adulto (agresor) usa al niño para estimularse sexualmente él mismo, al niño o a otra persona. El abuso sexual puede ser también cometido por una persona menor de 18 años cuándo esta es significativamente mayor que el niño (víctima) o cuando el agresor está en una posición de poder o control sobre otro” (National Center of Chile Abuse and Neglect, 1978).

Este fenómeno engloba la prostitución y la pornografía infantil, así como el tráfico sexual infantil y el turismo sexual infantil como modos de lograr el acceso a las víctimas de explotación sexual infantil. Se suele equiparar la explotación sexual con el comercio sexual infantil.

Es fundamental no concebir el abuso sexual como una cuestión únicamente concerniente a la sexualidad del individuo, sino también como un abuso de poder fruto de la asimetría de edad entre abusador y victima. El “poder” no siempre viene dado por la diferencia de edad, sino por otro tipo de factores. El abuso sexual entre iguales es una realidad a la que no debemos cerrar los ojos. En este caso, la coerción se produce por la existencia de amenazas o porque hay seducción, pero la diferencia de edad puede ser mínima o inexistente. Aún así, se consideraría abuso sexual.

Dimensión del problema Los abusos sexuales a menores son más frecuentes de lo que generalmente se piensa, aunque es necesario precisar que en los porcentajes que se mencionan en los estudios se incluyen desde conductas sexuales sin contacto físico (por ejemplo, el exhibicionismo) hasta conductas más íntimas como el coito anal o vaginal. Así, uno de 3 cada cuatro casos de abusos sexuales infantiles consiste en conductas muy íntimas y exigentes, como el coito vaginal o anal, el sexo oral y la masturbación.

Efectos del abuso sexual en la víctima

En primer lugar, tener en cuenta que no todas las personas que sufren abuso sexual en su infancia quedan “marcadas” o “traumatizadas”. La elaboración de una vivencia como ésta es individual, y como tal, el curso puede variar enormemente de una persona a otra.

Los efectos de la vivencia de un abuso en el desarrollo evolutivo del niño varían enormemente según las siguientes categorías: La duración del abuso (abuso prolongado/esporádico) y la frecuencia del mismo. Cuanto más frecuente y más prolongado en el tiempo es el abuso, más graves son sus consecuencias.

La intensidad y el tipo de abuso. Depende del tipo de abuso al que sea sometido un niño, de si se usa o no violencia, de si hay o no penetración, las consecuencias que éste tenga en su desarrollo.

El uso o no de violencia física (agresión sexual/abuso sexual). Es importante entender que la relación en esta variable no es directa y lineal. Hay casos de abuso sexual en los que no se emplea la violencia pero si manipulación, amenaza o engaño, como suele suceder en los casos en los que el agresor es conocido por la víctima para evitar que ésta revele el abuso, que tienen efectos mucho más profundos y dañinos en el desarrollo del niño de lo que puede tener una agresión sexual puntual, aunque haya violencia física. En otros casos no será así, pero es importante la evaluación individualizada de cada caso, cara a su abordaje terapéutico sin ningún criterio a priori.

La edad del agresor y de la víctima. Tampoco este factor presenta una relación lineal, depende del caso individual. Existen casos de abuso sexual entre iguales con consecuencias gravísimas para el niño o niña. Sin embargo, en principio la diferencia de edad es un agravante, porque acrecienta el abuso de poder,dificultando al niño la revelación y, por lo tanto, haciendo más probable su revictimización.

La identidad del abusador (abuso intra familiar/abuso extra familiar), es decir, la relación previa existente entre el agresor y la víctima. Las consecuencias de un abuso son siempre mucho más graves cuando existía una relación afectiva previa entre el agresor y la víctima.

Características de personalidad del niño. Variables como su asertividad o sus habilidades sociales y cognitivas modulan los efectos de la vivencia del abuso sobre el niño.

Ejecución y motivación. Los efectos del abuso sexual en la víctima vienen también condicionados no sólo por la ejecución del abuso, a la que se refieren to das las variables anteriores, sino a la motivación que guía el mismo (ver primer condición del modelo de Finkelhor).

Número de abusadores. Cuando el abuso ha sido perpetrado por varios agresores, la gravedad de las consecuencias para la víctima se incrementa.

Influencia del entorno de la víctima, en dos vertientes:
• Su reacción ante la revelación del abuso y su postura frente a la víctima,especialmente, en los casos de abuso intrafamiliar. Si el entorno se configura como un apoyo y una protección eficaz para el niño, con una actitud desde el principio de respaldo y creencia incondicional, en ningún momento de negación ni decatastrofismo, las consecuencias del abuso para el menor se reducendrásticamente. Éste es un factor clave en la recuperación de los niños y niñas víctimas de abuso sexual.

• La prontitud y eficacia de las medidas adoptadas por el entorno próximo en el proceso de detección y revelación.
Implicación de la víctima en un procedimiento judicial. Está probado que las personas víctimas de abuso sexual, sean niños o adultos, que además se implican en un procedimiento judicial sufren una revictimización secundaria que agudiza el perjuicio que la misma vivencia tiene en la persona.

Consecuencias a corto plazo

De entre las consecuencias a corto plazo, conviene recalcar un fenómeno importante: el Síndrome de acomodación al abuso sexual infantil, que tiene muchos paralelismos con el Síndrome de Estocolmo y que incluye cinco fases:

1. Impotencia. Los niños víctimas de abuso sexual generan un fenómeno deindefensión aprendida, puesto que sus intentos por evitar el abuso resultan vanos.Poco a poco dejarán de intentarlo siquiera.
2. Mantenimiento del secreto. La manipulación y la amenaza a la que son sometidos les obliga a mantener, sobre todo, en los casos de abuso intrafamiliaruna doble vida para mantener el secreto y evitar la revelación.
3. Entrampamiento y acomodación. Si el abuso se prolonga en el tiempo, el niño poco a poco irá asumiendo el papel de pareja del agresor.
4. Revelación espontánea o forzada. Cuando se llega a la revelación, suele ocurrir con un igual, pudiéndose producirse bien de manera espontánea o bien forzada por un adulto al valorar los indicios.
5. Retracción. Si no hay una intervención efectiva, incluso habiéndola, la retracción es frecuente, por culpa, vergüenza o miedo.
Posteriormente, las consecuencias asociadas al abuso sexual tienen que ver igualmente con el Síndrome de Stress Postraumático. Es importante recordar que algunos niños pueden vivir un abuso sexual y permanecer asintomáticos, es decir,no mostrar signo alguno de trauma. El motivo puede ser desde la propia vivencia del niño (que según su edad y la ejecución del abuso, puede no percibirlo como una agresión) a un fenómeno de bloqueo pasajero. Por eso, es fundamental hacer seguimiento a los niños víctimas de abuso sexual, presenten o no unasintomatología.

Consecuencias a corto plazo

1. Físicas:
• Pesadillas y problemas de sueño.
• Cambio de hábitos de comida.
• Pérdida de control de esfínteres.

2. Conductuales:
• Consumo de drogas y alcohol.
• Fugas.
• Conductas autolesivas o suicidas.
• Hiperactividad.
• Bajada del rendimiento académico.

3. Emocionales:
• Miedo generalizado.
• Agresividad.
• Culpa y vergüenza.
• Aislamiento.
• Ansiedad.
• Depresión, baja autoestima y sentimientos de estigmatización.
• Rechazo al propio cuerpo.
• Síndrome de stress postraumático.

4. Sexuales:
• Conocimiento sexual precoz o inapropiado de la edad.
• Masturbación compulsiva.
• Exhibicionismo.
• Problemas de identidad sexual.

5. Sociales:
• Déficit en habilidades sociales.
• Retraimiento social.
• Conductas antisociales.

Consecuencias del abuso sexual infantil a largo plazo

Aunque no existe un cuadro diferencial del abuso sexual infantil, hay consecuencias de la vivencia que permanecen o, incluso, pueden agudizarse con el tiempo, hasta llegar a configurar patologías definidas.
A continuación, se enumeran algunas de las consecuencias a largo plazo que puede vivir un niño o niña víctima de abuso sexual.

1. Físicas:
• Dolores crónicos generales.
• Hipocrondria o trastornos psicosomáticos.
• Alteraciones del sueño y pesadillas recurrentes.
• Problemas gastrointestinales.
• Desórdenes alimentarios, especialmente bulimia.

2. Conductuales:
• Intentos de suicidio.
• Consumo de drogas y alcohol.
• Trastorno disociativo de identidad. (Ver Anexo 5)

3. Emocionales:
• Depresión.
• Ansiedad.
• Baja autoestima.
• Síndrome de estrés postraumático.
• Dificultad para expresar sentimientos.

4. Sexuales:
• Fobias sexuales.
• Disfunciones sexuales.
• Falta de satisfacción sexual o incapacidad para el orgasmo.
• Alteraciones de la motivación sexual.
• Mayor probabilidad de ser violadas. En un estudio se recogió que era 2,4 por cien más probable que una mujer víctima de abuso sexual infantil fuera despuésviolada.
• Mayor probabilidad de entrar en la prostitución. En un estudio realizado sobre200 prostitutas, el 60 por cien de ellas habían sido abusadas sexualmente cuando eran niñas.
• Dificultad par establecer relaciones sexuales, auto valorándose como objeto sexual.

5. Sociales:
• Problemas de relación interpersonal.
• Aislamiento.
• Dificultades de vinculación afectiva con los hijos.
• Mayor probabilidad de sufrir revictimización, como víctima de violencia por parte de la pareja.
Por todo ello, la atención que se le ha de proporcionar a un niño víctima de abuso sexual no debe únicamente centrarse en el cuidado de sus lesiones sino debe ser coordinada entre los distintos profesionales prestando atención psicológica,dándole un seguimiento a corto y medio plazo y proporcionando atención y apoyo al menor y a la familia.
Como ya se ha indicado, el papel de la familiar es esencial en la recuperación del niño: si le creen desde el primer momento y le apoyan,constituyéndose en modelo y referente afectivo alternativo, el menor se recuperará antes y mejor que en caso contrario.

Características del abusador

Es importante resaltar las características del abusador, puesto que las falsas creencias socialmente extendidas defienden un concepto erróneo de cómo son los“abusadores” sexuales, sobre la base de una única tipología que en realidad no existe.

Las personas que abusan sexualmente suelen ser personas manipuladoras,integradas socialmente, que desarrollan a menudo habilidades interpersonales importantes, y que suelen tener una gran capacidad de persuasión.

Tan importante como dejar claro que no hay una única categoría de abusadores sexuales ni una única motivación que guíe su conducta, como se vio previamente, resulta entender que -con este tipo de población- es fundamental no dejarse engañar por las apariencias.

La actitud del supuesto abusador cuando se da la revelación es un dato fundamental a la hora de evaluar la veracidad de la sospecha. Una actitud colaboradora y que busca anteponer el bien del menor, aunque eso suponga separarse del niño, puede ser un buen índice, al contrario que una negativa a cooperar con el profesional. Por supuesto, cualquier criterio general se queda corto a la hora de una evaluación pormenorizada e individualizada.

Hay algunos aspectos que debemos recordar respecto al abusador:
• Los abusadores sexuales suelen tener una vida sexual normal. Existen abusadores sexuales heterosexuales, homosexuales y pedófilos, aunque la proporción de éstos últimos es mínima.
• Uno de los fenómenos que sí se mantienen es que cuando las víctimas elegidas son niños pequeños no existe una opción sexual clara, pero cuando aquéllas son mayores de nueve años, suele haber ya una preferencia sexual establecida.
• Es importante recordar que ser pedófilo no significa ser un abusador. Un pedófilo puede ser alguien que alimenta fantasías en las que se ve abusando sexualmente de niños, pero que no comete realmente estos abusos. Muchos pedófilos constituyen -eso sí- un peligro potencial para los niños, debido a que consumen pornografía infantil, que supone a su vez el abuso de menores para su producción.
• Una persona que abusa sexualmente de niños es un delincuente.
• Los abusadores sexuales son personas con apariencia de normalidad, incluso son seductores en apariencia.
• El abusador se esforzará por crear oportunidades de acceso a los niños. Por supuesto, no se pretende sugerir que todo aquel que tenga acceso a los niños sea un abusador, sino que una persona que quiera abusar sexualmente de niños se esforzará por encontrar un método para tener acceso a ellos, por ejemplo, una profesión que implique un contacto diario con ellos o intentará convertirse en ese vecino encantador que nunca tiene problema en hacerse cargo de los menores a la salida del colegio, en el barrio o llevárselos de excursión. Cuando esté con niños,muchas veces tratará de alejar a los demás adultos del entorno. Es importante establecer unos criterios claros de selección para todas las personas que trabajen con niños y niñas, en los que se priorice la formación y se les proporcione un apoyo y un asesoramiento continuado en su labor.
• Muchos abusadores operan con un grupo de niños, estableciendo relaciones diferenciales con ellos. Llegan incluso a utilizar a unos niños para captar a otras víctimas. La característica que hace de estos adultos unos seductores es que saben identificarse con los niños, saben cómo hablarles y cómo escucharles. Su condición de adulto y autoridad son elementos de seducción fundamentales y la elección que realiza de su víctima- entre niños que sufren abandono o negligencia emocional física o con algún tipo de característica que les hace vulnerables a su seducción hacen ésta aún más fácil.
• El abusador sexual miente constantemente, tiene conciencia clara de tener que ocultar su delito y manipulará a sus víctimas para que también mantengan el secreto.
• Ser un abusador sexual no significa ser estúpido. De hecho, en muchos casos, los abusadores investigados eran personas inteligentes, con estudios, habilidades sociales y una posición social y económica sólida.
Tratamiento del abuso sexual infantil: víctima y agresor. En el tema del abuso sexual, no debemos obviar que siempre existen dos partes implicadas –la víctima y el agresor-, además, por supuesto, de otros miembros de la familia en el caso de que aquél sea intrafamiliar. Si bien el tratamiento a víctimas de abusos sexuales ha constituido una cuestión de estudio e investigación en los últimos años, el de agresores apenas está comenzando en nuestro país.
Es importante recalcar la necesidad de que las instituciones públicas desarrollen esfuerzos en esta línea, posibilitando recursos y apoyo a la investigación en este campo, sobre todo, si se es consciente, por un lado, de que casi uno de cada tres agresores sexuales es menor de edad, con lo que las posibilidades de una intervención terapéutica eficaz aumentan y, por el otro, si recordamos que muchos de ellos fueron en su día víctimas de abusos sexuales que repiten patrones de violencia. Parece claro, por lo tanto, que se debería garantizar el acceso a tratamiento psicológico de todos los agresores sexuales.
Las instituciones públicas deberían garantizar la existencia de programas de atención a agresores sexuales, al objeto de su rehabilitación, de tal forma que el abanico de recursos sea similar para los agresores menores y para los adultos. En el caso de las víctimas, hay un aspecto clave que se debe dejar claro.

Todas las víctimas de abuso sexual necesitan ayuda y apoyo de su red psicosocial para aprender a integrar la vivencia del abuso en su vida, pero no todas necesitan una intervención terapéutica. Sin una adecuada y exhaustiva evaluación clínica no se podrá decidir a priori si efectivamente el niño necesitará o no una intervención terapéutica más allá de la evaluación pericial. En este sentido, en muchas ocasiones, las manifestaciones externas del niño no responden a la misma vivencia interna. Será, por lo tanto, responsabilidad del profesional transmitir al niño que lo que ha ocurrido no pertenece a su mundo y que, en ningún caso, es excusable. En algunos casos, bastará con unas sesiones de asesoramiento a la familia para apoyar al la víctima. Esta cautela, a la hora de evaluar y decidir la pertinencia o no de una intervención terapéutica, no debe bajo ningún concepto minusvalorar el efecto que el abuso tiene en el niño. No se debe pretender que para superar el hecho el niño olvide (lo cuál ni sería posible, ni beneficioso para la víctima) sino que elabore la experiencia. Se calcula que sólo entre un 10 por cien y un 20 por cien de los casos se denuncian o se detectan y sólo el 60 por cien de éstos reciben ayuda, a pesar deque se desarrolle una sintomatología. Será, por ello, importante que los profesionales que lleven a cabo procesos terapéuticos consideren la posibilidad deque la persona que solicita esa intervención haya podido ser víctima de algún tipo de maltrato que opere como desencadenante de una determinada patología.

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