La problemática del adolescente puede considerarse como un fenómeno sociocultural. El adolescente se encuentra en una situación constante de inseguridad, precariedad y provisionalidad en todos los ámbitos de su vida.

El adolescente está sometido a una serie de demandas paradójicas por parte de su entorno (padres, profesores, familiares), ya que indistintamente se le exige que se comporte bien como adulto, bien como niño, sin que quede claro en qué situación debe de adoptar uno u otro rol. Se espera de él que se comporte como un adulto pero, desde luego, no en todo, no en su vida sexual o con independencia económica. Así, al mismo tiempo que intenta cortar los vínculos de dependencia con respecto a la familia y establecer sus propias formas de vida, se encuentra con la imposibilidad de responsabilizarse de una familia o de otras formas de convivencia, puesto que está en período de formación o preparación profesional y carece de independencia económica. La precariedad se pone de manifiesto también en sus relaciones con el sexo opuesto. Se da una discrepancia entre la capacidad funcional sexual y el posible uso de la misma que se le concede desde su entorno social.

La cólera y rebeldía que se observa en la adolescencia es una expresión de esta inseguridad. Suponen una forma de reacción ante el medio ambiente, generalmente ante los padres. Una conducta inadecuada y errónea por parte de los educadores, potenciando la ambigüedad, al tratarle como niño y exigirle como adulto, puede reforzar la inseguridad del adolescente respecto a los roles que debe desempeñar y conducir, además, graves conflictos y trastornos futuros del desarrollo.

El adolescente se encuentra con una gran capacidad física e intelectual, que si no se toma en consideración y se le dan cauces para su expresión, puede producir conflictos. Así, conviene que el adolescente tenga posibilidades de ejercitar deportes cuando lo desea, pero también, en consonancia con su mayor desarrollo intelectual, que se le brinden tareas que le interese y estimule, favoreciendo el pensamiento libre e independiente.

La adolescencia se caracteriza también por la inestabilidad psíquica y por tener poca capacidad para soportar las frustraciones. En estas condiciones, un comportamiento educativo falto de comprensión, basado en amenazas y castigos, puede despertar con facilidad una serie de respuestas inadecuadas e incontroladas. Entre ellas, la más grave que se puede dar es el suicidio, tema que preocupa cada vez más, debido al alarmante incremento del mismo que ha habido en años recientes. Las causas de suicidios, se pueden encontrar en la inseguridad que sufren respecto a sus roles, en la incertidumbre acerca de su futuro y en la angustia e inestabilidad consiguientes, todo ello unido a falta de apoyo familiar y a exigencias excesivas.

Otra característica común de la adolescencia es la inestabilidad emocional, un estado de ánimo deprimido y angustiado. Esto puede deberse a causas biológicas, pues se sospecha la existencia de relación entre las modificaciones endocrinas y la inestabilidad emocional, o bien a factores psicológicos que hemos comentado repetidamente: inseguridad, inestabilidad y ansiedad.

INTEGRACIÓN SOCIAL DEL ADOLESCENTE

La necesidad de integrarse en un grupo

El/la niño/a va separándose paulatinamente de la familia e integrándose en grupos sociales más amplios. En los años preescolares, la familia es el más importante y casi el único grupo de referencia del niño; en la segunda infancia, la escuela y los nuevos compañeros vienen a añadirse a la familia como un segundo espacio social e institucional de interacción.

Con la adolescencia, el espacio de los intercambios sociales se amplía mucho, en cierta medida se extiende a la sociedad entera, aunque por mediación de los grupos de amistad y de la subcultura juvenil, debilitándose la referencia a la familia. De esta forma, una gradual emancipación de la familia va unida a una mayor integración social. La necesidad de formar un grupo es una característica básica de la adolescencia, así como un factor importante en su desarrollo.

Todas las personas pertenecemos a uno o más grupos, que ejercen algún tipo de influencia sobre nosotros. Estas relaciones pueden ser más o menos profundas y duraderas en lo que se refiere a nuestras ideas, creencias o comportamientos. Nuestra pertenencia a diversos grupos a lo largo de la vida va configurando nuestro perfil psicológico.

Dos rasgos fundamentales de las agrupaciones adolescentes son la adhesión y la dependencia. La primera surge de la necesidad del adolescente de ocultar su mundo de dudas, incertidumbres, nuevas sensaciones y vivencias diversas, del mundo adulto, que se le manifiesta como agresiva en la medida que parece tener respuestas para todo.

La segunda nace de su afectividad. La elección libre de unos amigos produce en él un sentimiento de necesidad e intimidad semejantes al enamoramiento. De este modo, entre amigos adolescentes, existe la tendencia a la charla, la mayoría de las veces intranscendentes, pues el principal atractivo es el hecho de estar juntos. Es frecuente que los adultos no entiendan cómo se divierten los adolescentes. Hay que tener en cuenta que la motivación fundamental no es lo que hacen, sino el simple hecho de pertenecer al grupo.

RECUERDE

El/la adolescente se integra en un grupo porque:
– necesita romper los vínculos familiares. Sus ideas han quedado diluidas, durante la infancia, dentro del ambiente familiar, pero en el círculo de sus amigos siente que tiene sus propios pensamientos.
– Desea compartir sus problemas y preocupaciones.
– Le permite refugiarse de los adultos y crear su propio mundo donde no intervengan.

Formas de integrarse en un grupo

Existen diferencias individuales a la hora de adherirse a un grupo. Además del nivel de seguridad personal, tiene mucha importancia el grado de introversión y extroversión. Las personas extrovertidas, con rasgos de timidez o de dificultad para mantener relaciones interpersonales superficiales prefieren relacionarse con pocas personas, pertenecer a pocos grupos, pero la intensidad de la relación puede ser tan alta o incluso superior a los extrovertidos. Estos se caracterizan por la facilidad para integrarse en muchos grupos y establecer múltiples relaciones con gran diversidad de personas, aunque no siempre con demasiada intensidad.

Otros factores que también influyen en la adhesión a los grupos son: el lugar donde se habita, el tipo de vida que se desarrolla, la actividad escolar, los intereses y aficiones, etc.

RECUERDE

El/la adolescente se integra en un grupo porque:
– necesita romper los vínculos familiares. Sus ideas han quedado diluidas, durante la infancia, dentro del ambiente familiar, pero en el círculo de sus amigos siente que tiene sus propios pensamientos.
– Desea compartir sus problemas y preocupaciones.
– Le permite refugiarse de los adultos y crear su propio mundo donde no intervengan.
Durante la adolescencia son muy frecuentes los grupos duales de amigo-amigo, amiga-amiga, con una fuerza tan intensa que llegan al punto de pasar juntos la mayor parte del día y continuar la relación por teléfono cuando llegan a casa, comportamiento este totalmente incomprensible para los padres. Este tipo de relaciones absolutamente independientes que se presentan en determinadas amistades íntimas tienen las características de un “noviazgo”, pero sin las connotaciones de tipo erótico-sexual.

Objetivos del grupo de adolescentes

Los adolescentes no suelen necesitar unos objetivos; esto señala una notable diferencia con los adultos, que parecen necesitar unos objetivos para poderse agrupar. La gente joven se une simplemente para pasarlo bien estando acompañado, esto ya constituye un objetivo por sí mismo; en otras ocasiones, a medida que el grupo evoluciona, se van formulando unos objetivos concretos, aunque a veces no llegan a expresarse, pero que están implícitos.

Existe una amplia variedad de objetivos que va desde los más activos y creativos, como construir maquetas, salir de excursión, como estudiar o practicar un deporte, a otros más pasivos, como escuchar música o aficionarse a los videojuegos.

Los padres tienen un importante papel al acostumbrar a sus hijos, desde que son pequeños, a realizar sus actividades con algún tipo de objetivo que sea a la vez práctico y lúdico. Un niño que se aburra fácilmente y que no sepa en qué emplear su tiempo libre, cuando se integre en un grupo se limitará a estar y no a hacer; muchas veces ni siquiera será capaz de establecer una auténtica amistad, pues no habrá aprendido a dialogar; únicamente tendrá el hábito de estar junto a alguien. Por el contrario, un niño que esté acostumbrado a jugar, conversar, construir o leer, en definitiva, que sepa no aburrirse, cuando entra a formar parte de un grupo tratará de fomentar la actividad y establecer objetivos; también será más exigente con sus compañeros y esperará más de ellos.

Efectos del grupo sobre el adolescente

El grupo influye en el adolescente a través de factores personales y sociales. Sus semejantes le sirven para tenerlos como referencia sobre los comportamientos a adoptar. Por lo tanto, le ayudan indirectamente a saber quién y cómo es y de este modo puede diferenciarse y dejar de ser uno más.

También el grupo le ayuda a autodefinirse y a cuestionar las ideologías propuestas por la familia y la sociedad.
Hay una opinión generalizada de que al crecer la influencia de los amigos, decrece la influencia de los padres. Esta opinión es infundada, pues diversos estudios han mostrado que ambas influencias tienden a complementarse recíprocamente, predominando por lo general áreas distintas. El adolescente sigue el criterio de los padres en decisiones que afectan a su futuro y el de sus amigos en opciones sobre el presente, sobre deseos y necesidades actuales.

RECUERDE

La pertenencia a un grupo es fundamental para el desarrollo del individuo.
PERO si su personalidad es débil, el grupo puede convertirse en un elemento distorsionador, influyéndole y manipulándole.

LOS IDEALES EN LA ADOLESCENCIA

La creación de su escala de valores y normas

A la hora de tomar decisiones importantes y difíciles, el adolescente busca un conjunto de valores morales y normas de conducta que le orienten en su vida. Precisa poner orden en su vida y darle sentido. La ampliación de su mundo de relación le hace darse cuenta de que hay gente que tiene opiniones y creencias muy distintas, y que ya no puede aceptar sin discusión las de sus padres. Otras personas a las que admira, profesores, ídolos, personajes de los medios de comunicación, ejercen una importante influencia a través de sus opiniones; observa que sus compañeros tienen unos valores distintos y siente la necesidad de integrarlos en su propia escala para ser aceptado por el grupo.

El adolescente puede cambiar sus normas morales a consecuencia de algunas experiencias, de nuevas informaciones o como admiración a alguien que posee un mayor status que él y al cual admira.

En este periodo, suele ser sensible a la mala situación de los marginados, a las injusticias, anomalías y absurdos sociales; pero hay que tener en cuenta que manifiesta una gran inestabilidad y, por ello, los padres no deben sorprenderse si su hijo adolescente les defiende hoy una postura, y mañana llegan a pensar de forma totalmente contraria. Ya hemos comentado, que también las actitudes se pueden modificar, y el adolescente se encuentra
inmerso en ese proceso de formación de actitudes, normas y valores.

La formación de ideales

En la formación de ideales intervienen ciertos adultos cuya característica fundamental es la de ser estimulantes y despertar el entusiasmo. Los primeros adultos estimulantes suelen ser los padres que contagian a sus hijos sus ganas de vivir, su entusiasmo por determinadas aficiones o actividades. Posteriormente, aparece en la vida del adolescente algún profesor que no sólo sabe impartir su materia y transmitir determinados conocimientos, sino que sabe conectar afectivamente con sus alumnos.

Se puede afirmar que un ideal es una idea de futuro hecha afectividad. Es decir, un ideal no es sólo algo que se desea, sino algo que se quiere y se ama.

Las actitudes de los padres y maestros pueden favorecer la ilusión por los ideales utópicos, mientras que otras pueden tender a acercar más a la realidad. Los ideales son motores que mueven a los adolescentes y es preciso potenciarlos, ya que, en último caso, siempre constituyen un elemento de crecimiento y maduración personal.
Los/las adolescentes a los que se les frustan sus ideales de forma prematura y continuada, acaban por convertirse en jóvenes indolentes, indiferentes y escépticos, porque les han enseñado que no sirve para nada tener sueños o luchar por unos ideales; han aprendido demasiado pronto que no es posible hacer realidad sus fantasías; o que no tienen aptitudes para nada de lo que se proponen y en consecuencia no tienen motivaciones, con poca capacidad para aportar nuevas perspectivas para seguir adelante. La motivación está constituida en gran parte por ideales.

Tipos de ideales

Es posible establecer dos tipos de ideales; los formales y los complementarios o éticos.

Los primeros hacen referencia a las actividades que se realizan, a cómo se concretan y a la forma que adoptan y en resumen en el modo de vida deseado, como por ejemplo, ser deportista, músico, médico o futbolista; vivir en el campo o en la ciudad, en pareja o solo, etc.

Los ideales complementarios o éticos no adoptan una forma propia, sino que se asimilan a cualquier tipo de actividad o idea formal. En la vida de una persona suelen experimentar pocas modificaciones, ya que pueden perdurar a pesar de cambiar muchas veces de actividad. Estos ideales forman parte del componente ético de la persona y va más allá de los aspectos formales, ya que se pueden desarrollar desde la medicina, las manualidades, el arte o el deporte. Es una actitud ética que varía a lo largo de los periodos de la historia, algo así como una moda. Por ejemplo, en la actualidad entre la gente joven y en ciertos ambientes académicos, predomina la ecología y todo cuanto suponga proteger nuestro planeta. Pero no todo es cuestión de modas, algunos ideales éticos perduran a pesar del tiempo: la igualdad, el altruismo, la generosidad, la sinceridad, etc.

Algunos adolescentes se sorprenden de que su preocupación por los demás y el alcanzar una sociedad justa coexista con un notable interés por el dinero o por la fama. Estas contradicciones son positivas para despertarles la conciencia y la actitud crítica y deben ser respetadas por todos.

DESARROLLO COGNITIVO

Desde el punto de vista cognitivo, la adolescencia tiene un aspecto importante: el pensamiento abstracto.

Durante la infancia se ha ido formando y madurando el pensamiento concreto, que sólo era capaz de operar, de pensar, con objetos que estuvieran presentes o que se recordasen. Con la adolescencia, el pensamiento se libera de lo real. El dominio de la lógica formal, abstracta, permite al adolescente crear hipótesis, comprobarlas y sacar conclusiones, sin tener que realizarlas prácticamente. Es capaz de realizar un desarrollo lógico aplicando operaciones matemáticas directamente, sin tener que hacer “la cuenta de la vieja”. Es capaz también de distinguir entre lo válido desde el punto de vista lógico y lo real, lo existente y absurdos. El pensamiento abstracto le permite también captar y establecer nuevas relaciones lógicas, con lo que se complejiza y se profundiza su comprensión del mundo, y se organizan sus conocimientos.El adolescente va a usar y abusar de esta nueva capacidad y se dedicará con entusiasmo a la reflexión, ya sea a solas o en discusión con otros. Generalmente, ante el descubrimiento de la capacidad lógica, el adolescente intenta que el mundo se acomode a los sistemas teóricos y lógicos y no al revés. Esta postura irá evolucionando a lo largo de la adolescencia y la juventud, donde encontrará el equilibrio, al aceptar la reflexión no como algo contradictorio con la realidad, sino como un instrumento para comprenderla y pronosticarla. Pero mientras tanto, pensamiento y realidad, ideales y prácticas, estarán en lucha.

El pensamiento abstracto va a influir también en los demás aspectos de la inteligencia.

La percepción visual y auditiva alcanza casi sus puntos máximos. Además, se vuelve más compleja, al ser capaz de aplicar y captar conceptos abstractos, siendo más lento y menos espontáneo que antes, como si todo lo que captase lo sometiera a juicio y lo pensase.

La memoria tiene asimismo un gran progreso, que continuará hasta los 18 años. El pensamiento abstracto ayudará a mejorar el rendimiento cuando lo que tenga que memorizarse sea además comprendido.
El desarrollo verbal del adolescente depende mucho de su ambiente sociocultural. No obstante, se da un general aumento del léxico y un uso de las palabras más amplio y diversificado. El desarrollo de la inteligencia formal se reflejará en que construyen frases cada vez más complicadas, se expresan de forma fluida y utilizan paréntesis y conceptos abstractos.

Por otra parte, el adolescente cuida su forma de hablar pues así se acerca más al adulto.

El lenguaje no es lo único que se ve influenciado por el medio que rodea al adolescente, sino que todo el desarrollo del pensamiento formal depende de varios factores, entre los que cabe destacar las influencias ambientales y, más concretamente, los padres. Parece ser que para que se produzca un desarrollo del pensamiento formal es necesario un entorno que favorezca, por una parte, el intercambio de diferentes puntos de vista y, por otra parte, que aliente la adquisición temprana de una forma de pensar relativista, esto es, una forma de pensar que permita expresar hechos lógicos, físicos y sociales de forma que tengan cabida diversas opciones, evitando las opciones dicotómicas. El potenciar que los adolescentes expresen sus propias ideas y opiniones, aunque estas no coincidan con las de sus figuras de autoridad (padres y profesores) resulta así beneficioso no sólo para el desarrollo de un mejor autoconcepto, sino también para la mejor evolución del pensamiento formal.

RECUERDE

El cambio más importante desde el punto de vista cognitivo en la adolescencia es el de la aparición del pensamiento abstracto. Es importante tener presente, por otra, que el desarrollo cognitivo está fuertemente influido por el entorno.

Curso “Escuela de Padres”. II Ciclo.
Módulo “Adolescencia”. ECCA

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