La mentira en un adolescente es un asunto mucho más serio que en un niño chico: al mentir, lo hace con la clara intención de engañar al otro. Muchas veces, además, convierte a la mentira en la herramienta con la que fácilmente soluciona sus problemas o consigue lo que quiere. Para ayudar a un hijo que miente, los padres deben ir a la raíz: al por qué mienten.

Las razones que dan

La psicóloga Carolina Flaño explica por qué el adolescente miente.

En primer lugar, la mentira surge porque no se acepta la realidad tanto externa como interna.

“La realidad externa, en el caso de los adolescente se refiere, por ejemplo, a los límites que imponen los padres. Entonces en general, no toleran que no se les dé un permiso, y es muy probable que digan que irán a la casa de un amigo y se van a donde lo estiman conveniente”.

En estos casos, la especialista recomienda a los padres establecer reglas claras con firmeza pero a la vez con mucha serenidad y criterio, favoreciendo siempre un ambiente de confianza donde el espacio para la conversación esté antes que la recriminación. El exceso de autoridad y la excesiva rigidez en los permisos seguramente llevará a que el adolescente esté continuamente mintiendo.

Además de la mentira frente a situaciones externas también hay un engaño interno, que es un proceso propio del adolescente y que consiste en convencerse de cosas que no son ciertas y que llevan a un autoengaño. Por ejemplo, es típico el caso del que cree que le está yendo bien en el colegio, aunque se ha sacado puros cuatros”.

Muchas veces la costumbre de mentir surge del propio ambiente que se vive en la casa. Hay casos en que el adolescente desde chico ha visto en sus papás la costumbre de decir, por ejemplo: “diga que no estoy”, cuando está. Esto, aunque parece insignificante, empieza poco a poco a formar la costumbre de evitar decir la verdad. Sobre todo porque, generalmente, esto implica valentía y fortaleza.

La mentira también es muy utilizada para evitar el castigo o como recurso válido para salir del paso y lograr lo que se proponen. También es muy utilizada para excusarse o justificarse, para quedar bien con los demás y con ellos mismos. Para evitar esto, Carolina Flaño recalca la importancia de crear en la casa un ambiente de confianza donde el hijo encuentre más consejos sabios que gritos e insultos.

Otra razón típica por la que un adolescente puede mentir es para llamar la atención, ya sea de los padres o de sus amigos.

El mea culpa de los padres

Cuando un hijo miente y lo hace con frecuencia, los padres pueden preguntarse: ¿qué hemos hecho mal? ¿No será que tú (el cónyuge) eres demasiado blando o demasiado estricto? ¿Merecemos esto con todo lo que le hemos dado?

Es que tú eres… La mentira de un hijo muchas veces es origen de pelea entre los padres y es siempre pésimo ejemplo para los hermanos menores. En lugar de pelear o centrarse en recriminaciones mutuas, quizás es necesario revisar la política educativa respecto a ese hijo y establecer unidad de criterios en determinadas materias. En el caso de que los otros hijos conozcan  la mentira de su hermano(a), será necesario aclararles el error que éste cometió.

El orgullo herido. Hay veces que la mentira de un hijo se toma desde el punto de vista personal: “me” mintió… a mí que le he dado todo, que siempre lo apoyo, etc. Lo esencial no es que “me” haya mentido a “mí”, sino que “él” o “ella” mintió y con ello se hizo un gran daño. Y es de ese daño del que hay que hacer consciente al hijo.

¿Qué hemos hecho mal? Quizás ha habido actuaciones poco acertadas, o se han dado señales poco claras en esta materia, o falta más comunicación y confianza. Es entonces la hora de rectificar. En educación siempre se puede enderezar el timón. Con suavidad, conociendo hacia dónde se va. Pero no todo puede acabar en el mea culpa de los padres: el que mintió, el que cometió el error es el hijo. A él hay que volver la mirada.

El gran perdedor

En esta historia el gran perdedor es el hijo: pierde la confianza y la estabilidad de los vínculos con sus padres (o amigos, profesores, etc.) y le será necesario un esfuerzo importante para recuperarla. No se puede extrañar que, por ejemplo, los padres adopten una actitud de detectives. La libertad se gana con responsabilidad y con honradez.

¿Qué hacer?

Lo general:

Desde pequeños, jamás castigarlos por decir la verdad. (Aunque sí enseñarles a responder ante las consecuencias de su acción).

Enseñarles a “soltar el sapo”, para que sientan el “alivio” al haber dicho la verdad (una mala nota, un compromiso no cumplido, etc.).

No obligarlos a mentir: algunas veces se les puede haber prohibido tajantemente hacer algo –hacer dedo, capear, etc- y puede haber circunstancias que lo obliguen a hacerlo y, a falta de confianza, no tengan más remedio que mentir.

Educar fuertemente la personalidad para que puedan resistir la presión del grupo.

Ganarse la confianza. En pequeños detalles. Con reacciones bien pensadas.

Lo concreto:

A raíz de una mentira:

  • Conversar con ese hijo sobre qué lo llevó a mentir.
  • Si es necesario, revisar la política de permisos y de castigos.
  • Mostrarle que si un amigo lo lleva a mentir… no es un buen amigo.
  • Si es el caso, señalar los peligros concretos de su acción.
  • Indicarle las consecuencias que tendrá que asumir por lo que hizo y apoyarlo para             que valientemente las enfrente.
  • Al hacerlo poner en la balanza lo logrado con la mentira (zafarse de una prueba, ir a         un panorama no permitido, capear, etc) y lo que significa la mentira, como engaño           a otro que confía en su palabra. Qué es más valioso, ¿ese panorama que “ganaste” o         tu palabra que “perdiste”?

¿Cómo educar la honestidad si parece más fácil mentir?

La psicóloga Carolina Flaño entrega algunas pautas que permiten a los padres ayudar a sus hijos a vivir en la verdad:

– Crear en la casa un ambiente de confianza.

– Darle la oportunidad  al hijo para reconocer su error y pedir perdón.

– Evitar la descalificación y tratar todos los temas con respeto.

– Reaccionar en forma proporcionada a las acciones de los hijos.

– Disposición y cariño permanente.

– Mostrar con el ejemplo la importancia y el valor de la verdad.

– Mostrar que la verdad requiere valentía y fortaleza.

– Jamás celebrar una mentira por ingeniosa o simpática que sea.

Aprovechando la sabiduría popular:

No hay como los dichos para hacer ver a los hijos las consecuencias de una mentira: acostumbrarse a un camino fácil, pero lleno de engaño, perder la confianza de quienes confían en él, enredarse con más mentiras…

–       Para mentir y comer pescado, hay que tener mucho cuidado: Algún día alguien se     entera de la verdad. Tarde o temprano se es pillado en la mentira. Como en el caso         descrito en que a la semana se habían enterado de aquella ida a la disco.

–       Para mentir se necesita gran inteligencia, gran memoria y, sobre todo, gran                     sinvergüenzura: Porque la mentira debe ser bien pensada y coherente; porque hay           que tener memoria para que con el paso del tiempo no se olvide y cualquiera lo               pille en la mentira y porque hay que ser muy fresco para mentir… mirando a la cara         de quien en él confía.

–       Una mentira trae siempre de la mano otra mentira: La experiencia lo confirma: las           mentiras van encadenadas unas a otras. Y al final asfixian

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